, te quiere, mamá.


Exposición en CC Pati Llimona, en el festival Art Photo BCN . VII edición.  
Intervención expositiva en el festival de photOn. 9º edición.
Proyecto presentado en el seminario de fotografía y periodismo de Albarracín. XIX edición.
(2019) 

Intervención expositiva en el festival de PhotoAlicante. VII edición.
(2020)

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(2018 - 2020)

Audiovisual ‘, te quiere, mamá’
Audiovisual para el seminario de fotografía y periodismo de Albarracín, creado por ÁQABA MEDIA





Mis padres, mis hermanos y yo vivíamos en una casa grande, con jardín y cerca de un prado. Entramos y salíamos cuántas veces quisiésemos. Lejos del pueblo y la escuela, pasaría parte de mi infancia en soledad, rodeada la mayor parte del tiempo de animales. Llevaba a casa serpientes, gatos, caracoles, sapos y pájaros, que se quedaban allí hasta que decidían irse. Rodeada de naturaleza, los árboles eran parte del hogar y me quedaba allí horas hasta que anochecía. Pese a ser la pequeña de tres hijos, nunca sentí que tuviese menos libertad. Todos la tuvimos. Tanto mi madre como mi padre nos enseñaron la posibilidad de vivir, lo que sería, nuestras vidas.

Mi padre era piloto. Llegaba casi siempre cansado del trabajo, y el tiempo libre que tenía lo aprovechaba para descansar. Le recuerdo muchas veces sentado en su sillón, con su pipa y siempre la música clásica de fondo. De mi madre recuerdo los espacios dentro del hogar, los mimos, su manera de acunarme. En las noches que mi padre tenía que hacer un vuelo largo y no llegaba hasta las cinco de la mañana, a veces hasta tres días después, mis hermanos y yo nos quedábamos a dormir con ella, aun teniendo cada uno su propia habitación. A medida que pasaba el tiempo, mis hermanos se hacían mayores y era yo quien se quedaba a compartir ese espacio. Todavía recuerdo una sensación que me hacía estremecer: su aliento en la nuca. Ansiaba el espacio, pero no llegaba a alcanzarla por miedo a despertar a mi madre. Por lo que aquel ritual se convirtió en nuestro refugio.

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My parents, my brothers and I lived in a big house with a garden and near a meadow. We went in and out as many times as we wanted. Far away from town and school, I would spend part of my childhood alone, surrounded most of the time by animals. I brought home snakes, cats, snails, toads, and birds, which stayed there until they decided to leave. Surrounded by nature, the trees were part of the home and I stayed there for hours until nightfall. Despite being the youngest of three children, I never felt that she had less freedom. We all had it. Both my mother and father taught us the possibility of living, what it would be, our lives.

My father was a pilot. He was almost always tired from work, and the free time he had was used to rest. I remember him many times sitting in his chair, with his pipe and always classical music in the background. From my mother, I remember the spaces inside the home, the pampering, her way of cradling me. On the nights that my father had to make a long flight and did not arrive until five in the morning, sometimes up to three days later, my brothers and I stayed with her, each having his own room. As time went by, my brothers grew older and it was I who stayed to share that space. I still remember a feeling that made me shudder: his breath on the back of my neck. I longed for space, but could not reach it for fear of waking my mother. So that ritual became our refuge.

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